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Miguel De La Cruz

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Cubículo

 

Para La raza cósmica

 

“Entonces, en la persecución,
alcanza su autenticidad, su verdadero ser,
su desnudez suprema, de paria,
de hombre que no pertenece a parte alguna.”
El pachuco y otros extremos, Octavio Paz

 

¡Feliz cumpleaños! El mensaje en vivos colores adornaba la tarjeta de cartón que esperaba sobre su escritorio. La tomó sintiendo la textura de la diamantina adhiriéndosele a los dedos. Antes de sentarse levantó un poco la cabeza para ver sobre el cubículo, quería cerciorarse a que alguien estuviera atento para descifrar al autor. Era la más ruin de las bromas, pero no tenía ánimos de encontrar al comediante, el fin de semana fue abrumador. Mientras guardaba la tarjeta en el sobre, se le vino la imagen de La generala con su mirada penetrante.

 

Recuerda como en su infancia, dos pares de ojos chocaban incesantemente sobre el comedor. Él siempre confundido y ella retadora. Sus comportamientos, sus mañas, sus acentos, todo les molestaba. Una combinación de cejas y labios fruncidos eran la cuota de desapruebo cada vez que Damiana comenzaba el ritual de despedida. Su tía trataba de besarlo, Lalo se le acercaba sin tocarla con los labios, solamente dejaba que sus mejillas se rozaran.

 

Por Damiana sentía vergüenza, siempre con el mismo suéter, mal abotonado, con agujeros en los hombros. Su madre la llevaba al supermercado, no por su compañía, sino porque tras su llegada el número de trastes se hacía más pequeño. Ese sábado Lalo se encontró con Jane y para el lunes todos murmuraban de la Granma loca.

 

En la escuela no le comprendían por su acento era como estar doblemente mal, como si nadie estuviera de acuerdo con su fusión, la hibridez de Lalo causaba desagrado. Sus nuevas costumbres, no habían sido seleccionadas cuidadosamente para quedarse con lo mejor, sino que se fueron encimando en una bisutería de tradiciones mal acomodadas.

 

Cuando Lalo le hablaba mal de su país, a La generala la poseía una entidad patriótica y unos perros ladraban por su boca. Él no extrañaba a la abuela que se quedó en el pueblo, ni a esos paisajes cálidos del sur, o a los verdaderos ingredientes que se utilizan para hacer las comidas, ni sabía la fecha de independencia de ese país bicicletero. Su casa era acá, con acento, con gueto, con raids, con gangas.

 

Sabe que no es homogéneo, sabe que cambia de color para sobrevivir. Es un hombre lagarto, respira bajo el agua. Lo encapsulan varias pieles. El gris es su tono preferido, parecido al que abunda en la ciudad. A Lalo le parece increíble cómo sus compañeros de trabajo se tomaron la molestia de haber conseguido una tarjeta de felicitaciones en español. Hubiera sido un gran detalle si no se estuviesen burlando de la muerte de Damiana.

 

 

* * *

 

Miguel De La Cruz (El Paso, Texas, 1984) es un chicano-fronterizo al que le interesa la literatura y la política. Es Ingeniero en Sistemas Computacionales con especialidad en Matemáticas. Licenciado en Español y en Estudios Chicanos egresado de la Universidad Estatal de Nuevo México. Reside en Las Cruces, NM. Actualmente estudia la Maestría de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Estatal de Nuevo México. En el 2013 publicó su primer antología de Micro-ficción Memorias de un Camaleón, también publicado en diferentes revistas literarias. Miembro del Taller Literario Pizca a las 6:30 (Las Cruces, Nuevo México).

 

 

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